El coche amarillo surca la caretera. El asfalto en fragmentos agrietado sufre la breve fricción de los neumáticos del taxi. Explanadas infinitas se extienden, con algún valle y algún arbusto, a ambos lados de la calzada. Los matojos de hierbas secas y muertas son agitados por el viento que despide el veiculo en cada nuevo derrape, y arriba, el sol. Los rayos de sol se clavan sin ningún escrúpulo sobre la tierra.
En el interior del taxi van cuatro personas. Tres y el conductor. Cada una tiene una historia que contar. Comenzó a hablar la primera de las cuatro personas. Una mujer joven, de unos 15 años que había huido de su barrio devido a la confusión que le provocaba el ambiente en el que vivía.
Agobiada por el violento comportamiento de su padre, por la tentación incitente de las drogas y la confusión de un amor destrozado había decidido coger el taxi.
Habla con su voz aguda, propia de cualquier chica de su edad. Viste la ropa típica de un bakala normal, mas ella sabe que no es eso solo. Es una de las razones por las que monta en el coche. Cuenta con esa voz toda su historia, y los demás viajeros la escuchan sin interrumpirla. Luego pide que paren el taxi en una explanada. Se baja y se pierde en el horizonte.
Ya solo quedan tres. La segunda persona es un hombre anciano, con una vida de fracasos y oportunidades ignoradas. Vive en la melancolía y aunque el lo niegue es más probable que monte en ese automovil para poder olvidar y morir en una de esas explanadas subrreales que para reflexionar. Mas nadie le replica nada.
El hombre tan derrotado por la vida cuenta su breve historia ya no en tono de reproche ni queja, tan solo como un hilo de palabras que sale de sus débiles lábios. El conductor escucha, aun no ha contado su historia. El taxi se para y se baja el anciano. El carro arranca dejando atrás al anciano.
Y ya solo quedan dos, el taxista y un joven atractivo y multimillonario. Ambos tienen una historia. El joven empieza a contarle su historia al taxista. Palabras como "dinero no da la felicidad" "amor roto" y "probar cosas nuevas" se pierden en el distraido cerebro del taxista. Sus manos agarran el volante. Suena el eco del viento sobre el vidrio. El todavía no a contado su historia.
El taxi se para entonces, en una pequeña vía que da paso a una explanada de dimensiones confusas. El joven agraciado por el dinero se baja y se despide. El taxista arranca y ve su figura menguar en el espejor retrovisor.
Solo queda él. Todavía no ha contado su historia. Ha de volver a casa para que su jefe le pague dos centimos y para volver a coger a gente y llevarla de nuevo en el taxi. Escuchar de nuevo sus historias mediocres y dejarles en medio de la nada para que se busquen a si mismos.
Entonces, el conductor para el taxi, se baja de él, y emprende la marcha en una de esas explanadas sin un fin aparente.
Por Voki.
que grande eres.puedo ser un bboy o un poeta de vanguardia o un excelente pintor que olvido sus oleos y decidió usar palabras jeje muy bueno cabronazo.
un abrazo,te quiero.
gracias
Hola!!
Voki que esta genial la historia en serio, pareces un profesional, se nota que lees mucho y que te esfuerzas en serio.Sigue escribiendo que tienes un don!! compartelo jajaja, en serio.Besosss
exagerada
esta chulisimo firmame plis sigue escribiendo que vician de lo buenas que son
tampoco es pa tanto